En mi Viejo San Juan

Originally posted on Substack.

Llevaba meses queriendo hacer un tour de patios interiores en el Viejo San Juan. De hecho, por años he dicho que mi death wish es entrar a ver cómo son los edificios coloniales por dentro. En cuanto vi que la Puerto Rico Historic Buildings Drawings Society ofrece tours por esa línea, lo puse en mi wishlist.

Como con todo lo demás, lo procrastiné por más de un año hasta que comenzó a concretarse la nueva oportunidad de trabajo. Si me contratan, ya no contaré con tiempo libre para hacer estas cosas, así que hace unos días lo reservé sin pensarlo.

Llegué una hora antes a VSJ pensando que tardaría buscando estacionamiento y me dirigí al punto de encuentro: Starbucks. Me compré un Americano en contra de mi voluntad porque quería usar el baño. A la verdad que eso es pura agua y una ofensa al café puertorriqueño y a todos los cafés increíbles que he probado en mi vida. Me senté a tomármelo en un banquito apreciando la brisa de la mañana y lo hermoso que estaba el día. Siempre que visito VSJ me permito imaginar cómo era la vida en la época colonial, cuando los edificios aún eran blancos, algo que aprendí después. Los colores vibrantes y variados vinieron en el siglo 20.

Con mi café aguado en mano, me puse a buscar con la mirada a cualquier señor que pasara frente a Starbucks con gorra negra, camisa verde y shorts grises, según la descripción que enviaron por mensaje. Pero no aparecía nadie. Lo que sí vi frente a dos edificios más arriba fue a un señor con esa misma descripción haciendo lo que parecía un saludo nazi. Tal vez son cosas mías, pero creo que eso fue lo que vi. Resulta que ese era nuestro tour guide.

El recorrido empezó puntual a las 10am. Yo era la única local; el resto eran de EEUU. El guía comenzó por explicarnos cómo se construyeron los edificios de VSJ desde sus inicios. Incluyó muchos datos interesantes que yo no conocía. A medida que pasaban los minutos, el recorrido avanzaba, el calor me derretía y yo seguía echando de menos los patios interiores. Casi al final, el guía nos llevó a un courtyard nada extraordinario y nos explicó cómo funcionaban las cisternas de agua bajo tierra. Ya estaba redactando en mi cabeza el review negativo donde reclamaba anuncio engañoso y mi indignación por no haber visto los patios interiores que se me habían prometido.

El tour terminó en el convento de La Fortaleza. Al entrar se sintió inmediatamente la solemnidad y se escuchaba, desde algún lugar, a las monjas cantando. Nunca antes había entrado a ese lugar. La vista desde allá arriba hizo que la caminata bajo el sol candente valiera la pena. Vimos el Paseo La Princesa, la bahía de San Juan en todo su esplendor y el pueblo de Cataño a lo lejos.

Después de ese adiós awkward que le das a personas que acabas de conocer y que nunca más volverás a ver pero con quienes compartiste un momento especial, me fui a comer el mejor churrasco de mi vida. Tierno, jugoso y sabroso. Una pena que la mesera estuviese de tan mal humor. Mientras esperaba, me dio con revisar el listing del tour que acababa de terminar para asegurarme de todo antes de escribir mi review y me di cuenta de que en realidad nadie me prometió patios interiores.

Resulta que yo compré el tour equivocado.

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