No quiero despedirme
Llevo días sin escribir aquí. Solo he estado subiendo mis dibujitos mañaneros, que es algo, pero no es lo mismo. Lo poco que había escrito antes de empezar el trabajo me confirmó algo: se me da mejor elaborar sobre cosas que recién ocurrieron que reflexionar sobre temas profundos o cosas del pasado con la intención de “aportar valor”. Pero para poder hablar del ahora en detalle necesito pausar y observar, sentir, tomar notas.
Me juega mucho en contra el hecho de que cuando algo ocupa mi mente de manera consistente, mi cabeza se cierra para todo lo demás. No es la primera vez que me pillo en este estado. Hace unas semanas lo había observado y documentado aquí mismo, y sin embargo sigo sin poder manejarlo de otra manera. Al menos ya no me sorprende.
Sigo ignorando mi necesidad de recolectar fragmentos… como si activa e intencionalmente estuviera rechazando cualquier pensamiento que no tenga que ver con lo que me está apremiando en ese momento, que es mi transición a esta nueva etapa y mi búsqueda de una nueva rutina.
No quiero despedirme de las cosas que me llenan fuera de lo profesional, al contrario, era algo que había conversado conmigo misma cuando estaba considerando volver al corporate werld. Ahora más que nunca quería proteger mi “real persona”. Me hacía ilusión hacer cosas chéveres en mi tiempo libre y sin dejar de priorizar mi descanso. Pensaba que tal vez esta era la oportunidad para empezar a darle forma a mis ideas a tiempo parcial, mientras tengo un ingreso full time que auspicie mis responsabilidades y compromisos financieros (como debió ser desde el inicio). Y ya no tengo las excusas de la vez anterior (excusas = líderes con diversidad intelectual). Pero aún así me sigo comportando como si las tuviera.
Y hablando de despedidas, hoy tocó hacerme cargo de la entrega del coworking donde pasé mis primeros meses de trabajo en la temporada anterior. Cuando renuncié me despedí de ese lugar a conciencia de que abandonaba un espacio y un entorno que me gustaba y que echaría de menos. De hecho, cuando acepté la oferta original, ese lugar tuvo mucho que ver en mi decisión. Pero fuerzas mayores determinaron que debía trabajar entre cuatro paredes, sin ventanas, sin conexión con el mundo exterior, sin oportunidad de alternar mis días entre la casa (como también se me había ofrecido al iniciar) y el coworking chulo. Me encantaba trabajar desde allí, no solo por la vista a través de la ventana, sino por el vibe del vecindario, por las opciones para comer y por todo lo que podía observar en las caminatas breves de ida y vuelta a mi carro, que incluían árboles, personas y perritos.
Hoy fui yo quien cerró esa etapa. Yo fui la última del equipo que ocupó ese espacio, que miró a través de la ventana y que sintió la brisa del mar. Me parece curioso como, en tan poco tiempo, he podido experimentar cosas relacionadas a los apegos, a las decisiones que parecen definitivas pero que en realidad están a merced de lo que el Universo tiene para uno.
I feel grateful, I think.
Floor tiles, you’ll never be forgotten. May we see each other again!