Hoy borré 700 emails
No conozco a nadie cuya vida haya cambiado del cielo a la tierra solo por mantener su inbox en cero. Pero por alguna razón a mí me da paz, me da una falsa sensación de accomplishment y organización, aunque la realidad de mi vida no proyecte necesariamente eso.
Lo he dicho quinientas veces en distintos lugares: cuando algo importa me apremia, mi mente no es capaz de hacer otras cosas en paralelo. Y desde que empecé a trabajar, el email también se llevo su agua en cuanto a eso. Ni siquiera había pensando en la acumulación de mensajes hasta que hoy abrí Safari en el monitor grande y fue imposible no notar el 50 de 689 en la parte superior derecha.
Por supuesto que tuve que hacer algo al respecto, a pesar de tener pendiente otras cosas importantes. Imagínate... un inbox con casi 700 emails... ¿qué barbaridad es esa? Una total infamia.
En pocos minutos ya no quedaba ni un solo email. Unos cuantos fueron transferidos a su debido subfolder mientras que los otros se dirigieron a su destino final: el deleted folder. Borrar emails es una tarea relativamente sencilla y el mayor esfuerzo que puede requerirme es escanear visualmente los subjects para identificar los emails importantes y asegurar que no los elimine sin querer. Y cuando digo “emails importantes” me refiero a aquellos relacionados a asuntos de mi condominio y recordatorios de paquetes que aun no he recibido. Pero todos los demás... se pueden ir al zafacón en completa paz. Mi apego emocional no llega a tanto.
A neglected inbox es un ejemplo más de las cosas que he abandonado estos casi tres meses de trabajo nuevo. Mi vida fuera de la oficina se siente en pausa. Claramente el trabajo es la excusa del momento, la razón “noble” y socialmente aceptable. Pero la realidad es que es más fácil seguir eligiendo lo que ya conozco antes de someterme a la incomodidad que requiere dar un paso fuera de la cajita donde he estado “viviendo” todos estos años.