¿Cuándo vuelves para Facebook?

Originally posted on Substack.

Siempre que me ve, una de las mejores amigas de mi hermana me pregunta que cuando vuelvo para Facebook. Every single time she asks. Y para serte honesta, no quiero que deje de hacerlo. Ella y yo nos vemos no más de dos veces al año y su pregunta siempre me hace sonreír porque me recuerda una versión de mí que no tenía tanto miedo como la de ahora.

Ella, como muchas otras personas conocidas, disfrutaba mucho de mis ocurrencias y de ese early Internet persona que me caracterizó en aquel entonces. Y aunque hay cosas de esa época que no quisiera repetir o retomar, hay muchas cosas que sí porque las necesito para salir de la cajita en la que me metí años después y que no he sabido como escapar.

Siglos atrás decidí descartar toda la data y cerrar mi cuenta de FB. Años de estatus imprudentes y de álbumes de fotos viven en algún rincón de mi iCloud desde ese momento. No recuerdo cuando, decidí sentarme a leer el archivo de los estatus y sentí una mezcla de vergüenza, nostalgia, compasión y envidia.

Vergüenza por publicarlo todo. Por publicar cosas sin contexto. Por publicar cada estado de ánimo, cada foto, cada queja, cada plan, cada ubicación, cada detalle que nadie tenía por qué conocer. Por publicar indirectas o mensajes abiertos a la interpretación (cosa que hoy día me envenena cuando veo a alguien publicando ese estilo de “contenido”).

Nostalgia por esos años de Universidad, por esa actitud tan carefree, por las cosas que en ese entonces se sentían como el fin del mundo y realmente no lo eran. Por las oportunidades de explorar y socializar que tuve (que, aunque prefiero que se queden allá en el 2009, me alegra haber vivido).

Compasión por esa versión de mí que hacía lo que fuera por agradar, por encajar, por recibir palmaditas en el hombro. Por esa Vicmarie camaleónica que siempre decía que sí, que muchas veces fue el alma de la fiesta, que no se cuestionaba nada, que no tenía identidad propia, que buscó en sus parejas la atención que no recibió de su padre.

Envidia por esa joven que no le temía a casi nada, que no se pensaba tanto las cosas, que de cierta forma creía que merecía ocupar espacios y tener cosas buenas.

La Vic que no tenía miedo a casi nada, la que tenía muchas amistades, la que se sentía hermosa, la que se arreglaba para ir a fiestas (y que aún no sabía lo que era la ansiedad anticipatoria que hoy la hace preferir no socializar), la que, aunque se filtraba, se atrevía a ser mucho más espontánea al compartir sus pensamientos, la que editaba fotos tipo las postales que envían los boomers ahora, la que no le importaba ir en chanclas a la Uni, la de Facebook.

Este espacio es una misión de rescate para traer de vuelta parte de esa versión de mí que me genera envidia. No con la intención de que vuelva a Facebook, sino para que me enseñe a reclamar, sin abandonar lo que es verdadero para mí hoy, la libertad de ser, pensar y existir.

Aunque no tengo absolutamente nada planificado para este espacio y solo me guía la intención de show up con honestidad y autenticidad, hay cosas que sí sé que no quiero hacer aquí:

1) Cohibirme de mencionar o preguntar algo por miedo a lucir inculta (esto lo quiero aplicar a mi vida también).

2) Dejar de compartir evidencia de algo solo porque no se vea aesthetic o perfecto.

3) Ignorar mi deseo de compartir algo pensando que será percibido (o me hará a mí lucir) como estúpido, infantil, ridículo, innecesario, insignificante, too much, unsolicited, unwanted, silly, etc.

4) Be tempted to plan “content” o asignar días a cosas específicas.

5) Detenerme a preguntarme si algo que voy a compartir “aporta valor” o “solo suma al ruido”. Fuck that shit.

6) Usar AI.

La Vic de hoy, la miedosa, la ansiosa, la preocupada, la que no cree que se merece cosas buenas y prefiere mendigar aprobación empequeñeciéndose y escondiéndose. Hopefully, no more.

Así que sin prometerme (te) nada, aquí dejo este primer fragmento para que me sirva de semilla. Pero tengo que regarla y cuidarla, porque si no, permaneceré en la cajita por siempre y esta escalada al Mt. Cringe no servirá de nada.

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