To leave or not to leave

Originally posted on Substack.

Descubrí una plataforma para páginas web donde puedo crear un blog parecido al que tuve una vez y que amé con todo mi corazón. He estado considerando mover este microblog a una plataforma como esa porque tengo más control sobre cómo se ve, más autonomía. Y aunque me hace ilusión tener mi propio espacio digital y que luzca tal como lo he imaginado, ese componente de visibilidad que da Substack me está generando FOMO. Porque aunque nadie ha leído ni visto nada de lo que he publicado estos días aquí, me ilusiona la idea de que en cualquier momento alguien pueda toparse con mis posts. Y eso no lo puedo tener en una página web a menos que promueva el blog en alguna red social (que no me interesa at all).

La idea de ser descubierta me genera ilusión y FOMO, pero eso era precisamente lo que no quería, condicionar la continuidad de la práctica a la idea de visibilidad. Esta contradicción es en realidad dos deseos distintos compitiendo entre sí: querer un espacio propio, coherente, íntimo y estéticamente mío; y querer la posibilidad de ser encontrada sin tener que convertirme en promotora de mí misma. Substack me ofrece la fantasía del “ser descubierta accidentalmente”. Una web me obliga a aceptar que quizás nadie llegue si yo no construyo el puente.

Como mencioné, nadie ha leído lo que he publicado y me siento bien sobre eso. Entonces el apego emocional no es a una audiencia concreta. Es al potencial imaginario de que “en cualquier momento podría pasar”, a “la posibilidad” de visibilidad, no a la visibilidad real. Y eso definitivamente puede empezar a contaminar mi práctica creativa aunque todavía no haya resultados externos. Porque entonces el espacio deja de ser “quiero hacer esto por gusto” y se convierte sutilmente en “quiero mantener abierta la posibilidad de que esto eventualmente valide mi existencia”.

Sé que ese deseo de ser vista es humano. Estoy clara de que sí quiero que alguien al otro lado lo reciba. No soy indiferente a la idea de ser leída, pero no quiero condicionar mi expresión creativa a eso. La diferencia es que no quiero convertirme en performer algorítmica para conseguirlo. ¿Entonces a qué pregunta le doy importancia? A “¿cuál plataforma tiene más descubrimiento?”, o a “¿qué tipo de relación quiero tener con esta práctica durante los próximos meses?”.

Las dos plataformas producen psicologías distintas. Substack incentiva expectativa, métricas, crecimiento potencial, circulación, “tal vez este post conecte”. Tener mi propio sitio web incentiva construcción de un lugar: archivo, atmósfera, identidad visual, permanencia.

Y honestamente, por cómo describo mi relación con la creatividad (lenta, deliberada, estética, orientada a coherencia y memoria) una web parece más alineada con mi forma de relacionarme con las cosas. Pero el FOMO existe porque mudarme implicaría renunciar a la fantasía del descubrimiento pasivo. Y esa fantasía cumple una función emocional: mantener viva la idea de que mi trabajo podría importar para alguien sin que tenga que prostituir mi relación con él para hacerlo visible.

Quizás la solución no es elegir una plataforma “correcta”, sino decidir conscientemente qué estoy dispuesta a aceptar: sacrificar control estético y soberanía para conservar posibilidad de descubrimiento; o sacrificar descubrimiento espontáneo para proteger la integridad de mi espacio.

Today’s sunset.

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